¿Nunca os ha pasado que nos marcamos objetivos y no somos capaces de cumplirlos? La forma en que se plantean los objetivos es importantísima de cara a conseguirlos. En coaching NO todos los objetivos se pueden trabajar, tienen que cumplir una serie de requisitos para considerar el objetivo como bueno y viable. 

Hoy me gustaría hablaros de cómo plantear un buen objetivo para facilitar su consecución y así, de esta forma, estar mucho más motivados.

Como he comentado anteriormente no todos los objetivos en coaching se pueden trabajar, éstos tienen que cumplir una serie de requisitos, aquí os dejo cuáles:

–  REALISTAS: Lo primero que hay que ver es, si el objetivo que me planteo es realista, es decir, si es algo que puedes conseguir. Está muy bien tener ambición y plantearte objetivos que te supongan un reto pero siempre con los pies en la tierra y estén a mi alcance.

–  FORMULADOS EN POSITIVO: El objetivo siempre tiene que estar formulado en positivo, nunca en negativo. Debemos facilitar a nuestro cerebro “aquello que queremos conseguir”, no aquello que NO queremos conseguir.

Por ejemplo, si nuestro objetivo es “No quiero pasar nervios al hablar en público Mentalmente nos hacemos la imagen de que estamos pasando nervios y luego es como si tacháramos esa imagen. Esta es la forma que tiene el cerebro para representarse el “no”. Si alguien nos dice: “No pienses en un perro verde”, nuestro cerebro rápidamente nos trae a la mente la imagen del perro verde. De esta forma, por tanto, en coaching debemos representar aquello que queremos conseguir. 

  • Formulado en negativo: “No quiero pasar nervios al hablar en público”.
  • Formulado en positivo: “Quiero hablar en público con naturalidad y tranquilidad” 
  • Formulado en negativo: “No quiero tener ansiedad”
  • Formulado en positivo: “Quiero aprender a estar más tranquilo

–  AUTÓNOMOS. El  alcance del objetivo debe depender de nosotros mismos, es decir, de nuestra acción directa. Por ejemplo, “Quiero ganar el Euro millón” “Quiero que mi jefe cambie y sea más comprensivo” no son objetivos a trabajar ya que no dependen principalmente de nosotros. En cambio objetivos como “quiero mantener la calma cuando mi jefe no me trata como yo quiero”, sí  se pueden trabajar ya que dependen mayoritariamente de nosotros.

 La clave es por tanto trabajar objetivos que dependan mayoritariamente de nosotros mismos.

– ESPECÍFICOS. Uno de los mayores problemas a la hora de establecer objetivos es el alto grado de  ambigüedad con el que se formulan:

Por ejemplo, “quiero estar más en forma”, “quiero perder algunos kilos” o “quiero tener una buena facturación anual “no son objetivos específicos. 

Los objetivos deben cumplir con el requisito de la especificidad para poder trabajar con ellos. Se deben formular cuando tengamos un indicador claro que nos permita conocer en qué momento se pueden alcanzar.

Por ejemplo, siguiendo con los objetivos anteriores, nos deberíamos preguntar lo siguiente; ¿cuánto es estar “más en forma”? ¿Cuántos son “algunos kilos”? y ¿cuánto es “una buena facturación anual? Hay que  aclarar muy bien esa ambigüedad de “más” “algunos” y “una buena”, por ejemplo:

“Quiero llegar a correr 15 km”

“Quiero perder 4 kilos”

“Quiero facturar 25.000 euros al año” 

–   ECOLÓGICOS (valorar las consecuencias). Los objetivos no deberán suponer un agravio o perjuicio en alguna de las áreas de nuestra vida o entorno. Por ejemplo, si el objetivo es “Aumentar mis ingresos con otro trabajo adicional por la nochehay que valorar las consecuencias que podría tener; horas de descanso, no tener tiempo para uno mismo ni para la familia, podría suponer un aumento del estrés etc…

Otro ejemplo podría ser “bajar los precios de mi empresa un 50%”, aquí habría que valorar si como consecuencia de esta bajada de precios, nos veríamos obligados a bajar la calidad de nuestros productos para conseguirlo. Lo que perjudicaría también en el prestigio de la marca.

–  FECHABLES Y MEDIBLES. Es importantísimo fijar una fecha final realista de consecución de los objetivos. De esta manera podremos realizar un plan de acción para conseguirlos y como consecuencia medirlos. Si no hay fecha, no hay presión para conseguirlos ya que no existe un horizonte temporal sobre el que organizarnos. 

Al  tener la fecha, y ser un objetivo específico, hace que éste sea medible. Es decir, si mi meta es “correr 15 km para la maratón del 1 de Julio del 2015” yo podré ir midiendo por semanas el avance. Recomiendo siempre el descomponer el objetivo en mini objetivos, así a medida que vamos alcanzando esos mini objetivos nos iremos motivando más y más. Siguiendo con el ejemplo anterior se podrían establecer los siguientes mini objetivos:

  •   Llegar a correr 3 km la primera semana.
  •  4  km la segunda semana.
  •  5 la tercera semana.
  •        ………..  

Por último decir que es importante que cuando vayáis a plantearos un objetivo, os sentéis tranquilamente a escribirlo, evaluando uno a uno cada uno de los requisitos anteriormente mencionados.

¡Ánimo y a por ello!