Muchas veces caemos en el error de compararnos con los demás, descalificándonos e incidiendo en nuestros defectos y debilidades, y fijándonos únicamente en las virtudes y cualidades que otros poseen y nosotros no. Además, cabe recalcar que tenemos tendencia a engrandecer nuestros defectos o a desmerecer nuestros logros, sin darnos cuenta del daño que hacemos a nuestra autoestima.

Yo soy de las que pienso que las comparaciones son odiosas. ¿Por qué?

  • Porque nadie es perfecto, todos pero absolutamente todos, tenemos defectos pero también virtudes, siendo cada persona única e irremplazable.
  • Porque siempre habrá alguien mejor que nosotros en algo y al mismo tiempo peor. Lo importante, es saber qué es lo que nos hace diferentes y enfocarnos en nuestras propias virtudes y cualidades.
  • Porque aunque otra persona tenga una cualidad que nosotros no poseemos, no quita, que nosotros tengamos otras muy buenas.
  • Porque al compararnos, hace que no veamos nuestras virtudes ni nuestros logros, perdiendo el foco en nosotros mismos y nuestra evolución.

Hay un cuento Indú que nos regala una moraleja acerca de esto. El cuento dice así:

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”

El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: “Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

Como bien nos hace ver el cuento, cada uno de nosotros tenemos nuestras propias grietas, pero lo bueno de ésto es que nos hace diferentes.

“Todos tenemos algo que nos hace especiales aunque no nos demos cuenta”

 

BANNER NEWSLETTER MAS PEQUEÑA