¿A quién no se le ha estropeado un día o unas horas por un mal comentario de alguien, una mala actitud hacia nosotros, o una crítica? Está claro que no podemos cambiar la actitud de los demás, pero lo que sí podemos hacer, es elegir, no caer en la provocación e ignorar los mensajes negativos que nos llegan de fuera. Hay que recordar que las críticas no pueden ofendernos, si nosotros NO LO PERMITIMOS. Desde que leí un cuento que habla sobre esto, siempre que recibo una crítica o un mal comentario lo recuerdo y me ayuda a que no me afecte. Hoy quiero compartirlo con vosotros, esperando que también os sirva como herramienta de defensa contra las críticas, comentarios o actitudes negativas.

Una cosa que quiero aclarar: esto se refiere a las críticas o comentarios no constructivos, otra cosa totalmente diferente es cuando recibimos críticas o comentarios constructivos con afán de ayudarnos, los cuales, sí habría que tenerlos en cuenta,  reflexionar sobre ellos y actuar en caso que lo consideremos necesario.

“Es gran virtud del hombre sereno oír todo lo que censuran contra él, para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”J. W. von Goethe

El cuento con el título  “EL COLECCIONISTA DE INSULTOS” dice así:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación , esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de SUS casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

Extraído del libro “La culpa es de la vaca”

¡Así que, cuando os suceda algo así, recordar aplicar las enseñanzas del maestro samurái!

 

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