Cambia tu forma de ver los cambios

Cambia tu forma de ver los cambios

A todos nos ha pasado en algún momento de nuestra vida, el sentir que no nos llena lo que hacemos o estar insatisfechos con algo, sintiendo la necesidad de hacer un cambio.  Cuando tenemos este sentimiento, tenemos que tomarlo como una SEÑAL para replantearnos ciertas cosas de nuestra vida.

“No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio” Herbert George Wells

Me he encontrado con muchísimas personas a las que esta sensación les atormentas y les bloquea, viéndolo como algo negativo y sintiendo temor por ello. ¡Maldito miedo! ¡¡Qué daño nos hace!! El miedo al cambio nace por el temor de perder la seguridad que sentimos de estar en nuestra famosa “zona de confort”, ese lugar conocido, malo pero amigable y a la vez tranquilizante, donde nos sentimos seguros. Pero yo me pregunto ¿no deberíamos sentir más miedo de pensar que si no avanzamos y  realizamos cambios, nuestra vida va a ser pura rutina eliminando de ella tiempos apasionantes  llenos de  nuevos  aprendizajes? ¿Estamos realmente dispuestos a renunciar a vivir momentos intensos, momentos de ilusión, momentos de lucha por nuestros sueños simplemente por “temor”?

La aversión al cambio es el primer estorbo para nuestra evolución y progreso personal. El cambio y el crecimiento son IMPRESCINDIBLES para poder alcanzar el futuro que deseamos. ¡Es así! Para alcanzar lo que deseamos en la vida hay que estar dispuestos a  experimentar nuevas cosas, cambiar lo que estábamos haciendo hasta ahora, ir más allá de lo que sabemos.

El otro día hablando con una amiga, me decía que ella adoraba los momentos de transición en los que uno tiene que pararse, reflexionar y tomar decisiones. Decía que para ella significaba evolución y mejoras en su vida. Yo os animo a todos a cambiar la forma de ver los cambios, a verlos como algo positivo para seguir mejorando y evolucionando, teniendo la absoluta certeza que va a significar un crecimiento personal ,sumando pasos para llevar la vida que queremos y deseamos.

“No hay mayor fuerza de cambio que las personas inspiradas en vivir una vida mejor” Steve Maraboli

Aquí os dejo algunos pasos para que esos cambios sean más llevaderos:

1. Ver el cambio como algo positivo, significando evolución y mejoras en tu vida. Intenta evitar los miedos a toda costa. Recuerda, pregúntate si estás siendo racional; si, el cambio va a suponer algo tan malo como te imaginas, si estás exagerando o si es cierto ese pensamiento “de que no eres capaz de hacerlo”, qué es lo peor que podría pasar, en el 99% de los casos sobrevivirías y seguirías adelante y además adquirirías un aprendizaje.

2. Tómate tu tiempo de transición y reflexión; es decir, si un día te levantas con esa sensación de insatisfacción en tu vida, no vayas y lo cambies todo de la noche a la mañana, tómate el tiempo que necesites para reflexionar y así saber qué es exactamente lo que te está creando esa sensación de insatisfacción y piensa cómo lo  podrías solventar. Cada persona tiene sus propios ritmos, escúchate bien para poder llevar el cambio al ritmo que necesites.

3. Toma decisiones: una vez que ya hayas localizado exactamente lo que te está creando insatisfacción toma decisiones para poder cambiarlo. Hace tiempo escribí un post de cómo tomar decisiones, aquí os lo dejo.

4.  Define muy bien tu objetivoOs recuerdo los requisitos básicos  para  definir buenos objetivos.

5.  Crea un plan de acción. Con todo lo analizado anteriormente, coge papel y bolígrafo y traza los pasos necesarios que tienes que llevar a cabo para conseguir el cambio deseado.

6.  ACTÚA. Para nada sirve todo lo anterior si no ejecutas tu plan. Recuerda que estos pasos son imprescindibles para conseguir los objetivos que muy detenida y conscientemente te has planteado. Utiliza como palanca motivadora el sentimiento que obtendrás cuando lo hayas conseguido.

Las metas y la perseverancia

Las metas y la perseverancia

Si nos paramos a pensar en las personas que conocemos que han llegado a conseguir sus metas/ sueños, ha sido, la gran mayoría (por no decir toda), gracias a su perseverancia. ¡Es así! Las cosas no se logran de la noche a la mañana, llevan su tiempo y dedicación. Hay que tener paciencia y constancia, y siempre tener presente que aunque las cosas no vayan con la rapidez que esperamos, el progreso aunque sea lento es progreso. Hay una frase sobre esto, que me encanta y refleja perfectamente lo que quiero expresaros:

“Si añades a un poco a lo poco y lo haces con frecuencia, pronto llegará a ser mucho”. Hesíodo

Aquí comparto un relato japonés que nos da una lección muy buena sobre esto. ¡Espero que os llegue tanto como a mí!

Relato sobre la perseverancia; el bambú japonés.

“Hay algo muy interesante que sucede con el bambú japonés y que nos enseña una importante lección. Cuando un cultivador planta una semilla de este árbol, el bambú no crece inmediatamente por más que se riegue y se abone regularmente.

 De hecho, el bambú japonés no sale a la superficie durante los primeros siete años. Un cultivador inexperto pensaría que la semilla es infértil, pero sorprendentemente, luego de transcurridos estos siete años el bambú crece más de treinta metros en solamente seis semanas.

 ¿Cuánto podríamos decir que tardó realmente en crecer el bambú? ¿seis semanas? ¿o siete años y seis semanas? Sería más correcto decir que tardó siete años y seis semanas. ¿Por qué? Porque durante los primeros siete años el bambú se dedica a desarrollar y fortalecer las raíces, las cuales van a ser las que luego de estos siete años pueda crecer tanto en solamente seis semanas. Además, si en algún punto en esos primeros siete años dejamos de regarlo o cuidarlo, el bambú muere”

El bambú japonés nos enseña que no debemos  desistir fácilmente de nuestros proyectos o metas.

Recuerda; si no consigues lo que aspiras, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces.

¡Cuidado con los miedos! Les encanta robar sueños.

¡Cuidado con los miedos! Les encanta robar sueños.

Muchas veces en la vida tenemos las oportunidades delante de nuestros ojos y no las aprovechamos por culpa del miedo. En esta vida hay que arriesgarse para que las cosas sucedan, ¡es así! ¡no hay otra manera!, hay que dejar el miedo atrás, enfrentarnos a él e ir a por ello. Si queremos formar una familia, tenemos que arriesgarnos a amar y entregar nuestro corazón; si queremos tener éxito profesional hay que arriesgarse a lanzarse y salir de nuestra zona de confort etc. Porque el mayor riesgo en la vida, es no arriesgar nada y no atreverse a hacer algunas cosas, ya que si tenemos miedo nunca alcanzaremos la cima más alta.

Aquel quien pierde sus riquezas pierde mucho; aquel quien pierde a un amigo pierde más; PERO EL QUE PIERDE EL VALOR LO PIERDE TODO “. (Cervantes)

Aquí os dejo una parábola que refleja perfectamente lo que quiero decir:

PARÁBOLA DE LA QUEJA DEL HOMBRE A UN ÁNGEL

Un hombre recibió una noche la visita de un ángel, quien le comunicó que le esperaba un futuro fabuloso: se le daría la oportunidad de hacerse rico, de lograr una posición importante y respetada dentro de la comunidad y de casarse con una mujer hermosa.

Ese hombre se pasó la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero nunca lo hicieron, así que al final murió solo y pobre.
Cuando llegó a las puertas del cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protestó:

– “Me prometiste riqueza, una buena posición social y una bella esposa. ¡Me he pasado la vida esperando en vano!
Yo no te hice esa promesa, replicó el ángel.
Te prometí la oportunidad de riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa.
El hombre estaba realmente intrigado. “No entiendo lo que quieres decir” , confesó.

– “¿Recuerdas que una vez tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en práctica?

El hombre asintió con un gesto.
-“Al no decidirte unos años más tarde, se le dio la idea a otro hombre que no permitió que el miedo al fracaso le impidiera ponerlo en práctica.
Recordarás que se convirtió en uno de los hombres más ricos del reino”.
– “También, recordarás, prosiguió el ángel, aquella ocasión en que un terremoto asoló la ciudad, derrumbó muchos edificios y miles de personas quedaron atrapados en ellos.

En aquella ocasión tuviste oportunidad de ayudar a encontrar y rescatar a los sobrevivientes, pero no quisiste dejar tu hogar solo por miedo a que los muchos saqueadores que habían te robasen tus pertenencias, así que ignoraste la petición de ayuda y te quedaste en casa”.
El hombre asintió con vergüenza.
“Esa fue la gran oportunidad de salvarle la vida a ciertos de personas, con lo que hubieras ganado respeto de todos ellos”, continuó el ángel.

– “Por último, ¿recuerdas aquella hermosa mujer pelirroja, que te había atraído tanto? La creías incomparable a cualquier otra y nunca conociste a nadie igual.
Sin embargo, pensaste que tal mujer no se casaría con alguien como tú y para evitar el rechazo, nunca llegaste a proponérselo”.
El hombre volvió a asentir pero ahora con lágrimas.
– “Si, amigo mío, ella podría haber sido tu esposa”, dijo el ángel.
– “Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener hermosos hijos y multiplicar tu felicidad”.

A todos se nos ofrecen oportunidades, pero muy a menudo, como el hombre de la historia, las dejamos pasar por nuestros temores e inseguridades.

Pero tenemos una ventaja: ¡Aún estamos vivos!

¡NO DEJÉIS PASAR OPORTUNIDADES! A partir de hora,  recordar de la parábola del Ángel.

Aquí os dejo el post donde hablo como enfrentarse a los miedos de forma más liviana.

Estrategias para enfrentar el miedo a nuevos retos, de una forma más liviana

El portero del prostíbulo: afrontando cambios

El portero del prostíbulo: afrontando cambios

Hay una cosa que está clara, en esta vida no hay nada seguro. ¡Es así! Por mucho que nos parezca que tenemos una situación estable y controlada, nunca se sabe lo que puede suceder. Hay muchas cosas que nos pasan que están fuera de nuestro control, como por ejemplo un despido inesperado, pero lo que sí puede estar bajo nuestro control es la forma en que las afrontamos.

La vida es un diez por ciento lo que nos sucede y un noventa cómo reaccionamos ante lo que nos sucede. Dennis Kimbo

Cuando la vida nos pone obstáculos, hace que aprendamos, y por lo tanto, nos provoca un crecimiento. Además, ¡nunca se sabe dónde está la oportunidad! Muchas veces cuando las cosas pasan, aunque no nos parezcan buenas en un principio, a la larga son lo mejor que nos hubiera podido pasar, por supuesto, si reaccionamos con la actitud adecuada.

Toda Crisis contiene una gran oportunidad de cambio. Solo los que saben localizar en lo positivo aprovechan la circunstancia.” Wally

Aquí os dejo un cuento que nos deja un mensaje muy claro; lo importante que es nuestra actitud cuando la vida nos pone obstáculos.

El portero del prostíbulo

Este cuento trata sobre un hombre común. Ese hombre era el portero de un prostíbulo.

No había en aquel pueblo un oficio peor conceptuado y peor pagado que el de portero del prostíbulo… Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?

De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos.Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

– “A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.”

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero…

– “Me encantaría satisfacerlo, señor”, balbuceó. “Pero yo… yo no sé leer ni escribir.”

– “¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga estoy y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto…”

– “Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo…”

No lo dejó terminar.

– “Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, los siento. Que tenga suerte.”

Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez, desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero que había recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

– “Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.”

– “Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quedé sin empleo…”

– “Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.”

– “Está bien.”

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

– “Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?”

– “No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.”

– “Hagamos un trato”, dijo el vecino. “Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos días de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?”

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días… Aceptó. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

– “Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?”

– “Sí…”

– “Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.”

El ex–portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue..“…No todos disponemos de cuatro días para hacer compras”, recordaba.

Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo en viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón. Luego le hizo una entrada más cómodo y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio.

Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? las tenazas… y las pinzas… y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos…

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñarían además de lectoescritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

– “Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.”

– “El honor sería para mí”, dijo el hombre. “Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.”

– “¿Usted?”, dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo.

– “¿Usted no sabe leer ni escribir?¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?”

– “Yo se lo puedo contestar”, respondió el hombre con calma. “¡Si yo hubiera sabido leer y escribir… sería portero del prostíbulo!.”

Adaptado por Jorge Bucay

No te pases  la vida buscando la perla negra, porque quizás no exista.

No te pases la vida buscando la perla negra, porque quizás no exista.

Hace muchos años, cuando me encontraba en Inglaterra cursando un año de Erasmus en la universidad, uno de mis compañeros de piso, que era de Pakistán, me dijo algo que me quedó grabado. Nos habíamos hecho muy amigos, hablábamos muchísimo de nuestras culturas, forma de vida, costumbres etc. Era la primera vez que él vivía en Europa, así que os podéis imaginar el choque cultural que estaba experimentando.

Un día, en el que yo me encontraba muy agobiada y frustrada se me acercó y me dijo “Cova, in life be practical” “Cova, en la vida sé práctica”. Aquellas palabras permanecieron en mi cabeza y no dejaba de darle vueltas y más vueltas. ¡Qué gran verdad!

Muchas veces nos aferramos a que las cosas sean como nos las habíamos imaginado o como queremos que sean y simplemente NO PUEDEN SER.  Además nos metemos en un círculo vicioso que lo único que nos hace es crearnos frustración y daño. ¿Quién no se ha aferrado a una relación tóxica pensando que va a cambiar? o ¿quién no se ha aferrado también a “algo” o una “situación” tanto que es incapaz de ver la realidad y buscar otras alternativas?

Ser práctico nos ayuda a ahorrar tiempo,  a no dar vueltas sin sentido en el mismo círculo, a evitarnos dolores de cabeza, decepciones y  frustraciones.  Hace que no soñemos tanto ni nos aferremos a ideales. 

Al ser práctico lo que hacemos es mirar atentamente nuestra realidad, ver las posibilidades y actuar en consecuencia hacia nuestro bien (por supuesto, siempre actuando fiel a nuestros valores).

“Algunas personas se ahogan en un vaso de agua, otras se toman el agua y venden el vaso. ” Jonathan Moldú

Como va siendo habitual en mis posts, aquí os dejo una fábula corta que nos regala una moraleja muy clara sobre esto.

LA PERLA NEGRA

Había un pescador de perlas que se empeñó en conseguir una perla negra y cada vez que cogía una perla y comprobaba que no era negra, la volvía echar al agua. 

Así fueron pasando los años y el pobre hombre no lograba la codiciada perla negra. 

Un buen día encontró la perla negra, poniéndose muy contento, llegando a ser muy feliz con su perla negra. 

Así las cosas, un buen día en un descuido, el pescador perdió su perla negra, por no haberla cuidado con el mejor esmero, quedándose otra vez muy triste, aburrido y abatido. 

Y se pasó el resto de su vida tratando de volver a encontrar la perla negra, cosa que no pudo volver a lograr.

Moraleja: Estamos empeñados en conseguir una cosa tan excepcional, que posiblemente no exista en esta vida. Tratemos de ser prácticos en la vida, luchando por aquello que nos sea factible de conseguir.

No te pases  la vida buscando la perla negra, porque quizás no exista.

Lo importante es tu conciencia, NO tu reputación

Lo importante es tu conciencia, NO tu reputación

¿A quién no le ha pasado alguna vez sentirse afectado por algún comentario de alguien, o le ha dado exagerada importancia a su opinión?

Hoy quería compartir con vosotros una historia,  que leí hace bastante tiempo y me quedo grabada en la mente,  que nos da una moraleja muy clara y precisa sobre esto  “Es imposible gustar o contentar  a todo el mundo. Hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que te critique.”

La historia dice así;

“ Había una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo. Puesto que el asno estaba viejo, llegaron a una aldea caminando junto al animal, en vez de montarse en él. Al pasar por la calle principal, un grupo de niños se rió de ellos, gritando:

-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro. 

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al transitar entre las casas, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Entonces dijeron a viva voz:

-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y el pobre niño caminando. 

Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos. Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando la gente los vio, exclamaron escandalizados:

-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado. 

-¡Qué vergüenza! 

Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre su lomo. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:

-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal! 

Estando ya el burro exhausto, y siendo que aún faltaba mucho para llegar a destino, el anciano y el niño optaron entonces por cargar al flaco burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:

-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos! 

La gente jamás había visto algo tan ridículo y empezó a seguirlos.

Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río. Cuando se repuso, nadó hasta la orilla y fue a buscar refugio en los montes cercanos.

El anciano, triste, se dio cuenta de que, en su afán por quedar bien con todos, había actuado sin cabeza y, lo que es peor, había perdido a su querido burro. Así que decidió hablar con el niño y le dijo: “Mira, así como el burro, estarás perdido si escuchas demasiado la opinión de los demás.. .Son muchos, y cada uno tiene su pensamiento, por lo que dirán siempre cosas diferentes. Si escuchas a los otros en lugar de a ti mismo, siempre irás de un lado a otro sin rumbo propio”.

Me gustaría acabar con una cita de Albert Einsten la cual describe perfectamente la moraleja de la historia:

Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación, porque tu conciencia es lo que eres, es tu problema. Tu reputación es lo que otros piensan de ti, y lo que piensen los demás es problema de ellos.

Tenemos gran capacidad para contagiar emociones

Tenemos gran capacidad para contagiar emociones

Hace unos años, por circunstancias de la vida, me encontraba trabajando en una empresa en la cual no me sentía para nada realizada (me imagino que muchos conoceréis esa sensación). Lo bueno es que tenía una compañera genial! Era de esas personas alegres, sonrientes, que te transmiten una energía positiva tremenda.  Ella hacía que todo fuera mucho más ameno y divertido, me contagiaba su alegría . ¿Quién no  ha  estado con personas alegres que hacen que te sientas mejor? O por el contrario ¿quién no ha estado con personas negativas que cuando te vas te sientes agotado y sin energía sintiéndote mucho peor de como estabas? Estas cosas pasan. ¿Por qué? Porque está científicamente comprobado que las emociones se contagian, tenemos una tendencia innata a ello. Según los estudios, estamos programados para contagiar nuestras emociones a los demás, y por el contrario, contagiarnos de las emociones de los que nos rodean.

El otro día, por casualidad, encontré un vídeo que nos lo explica perfectamente, y de una forma muy clara (dejo  el link del vídeo abajo).  Lo que más me gusto, es que como reflexión final nos invita a todos a contagiar a los demás de emociones positivas, algo que yo intento y creo firmemente. Imaginaros un mundo donde predominaran los optimistas y alegres, ¡qué pasada!¡sería todo mucho más fácil!

En el vídeo se explica muy bien que este contagio de emociones es un proceso primitivo automático e inconsciente que se manifiesta a través de la comunicación no verbal. Uno de los mecanismos causantes de esto son las llamadas “neuronas espejo”. Éstas ofrecen un mecanismo que explica el contagio emocional, esto es, la tendencia de una persona a adoptar los sentimientos de otra, particularmente cuando éstos se expresan de manera efusiva.

Tenemos una gran capacidad para contagiar emociones, y pudiendo elegir… ¡contagiemos de emociones positivas! Pero ¿Cómo podemos hacer para potenciar y contagiar de emociones positivas? El vídeo nos da unas pautas muy buenas:

  • Fíjate conscientemente que emociones sientes y cuales contagias a los demás.
  • Exagera los activadores del buen humor: Haz deporte, come chocalate, vete al cine, sal con los amigos…cualquier cosa que te sea placentera y te active el buen humor.
  • Elimina o limita lo que te desgasta. Tanto personas que te absorban la energía (los famosos vampiros de energía)  como cosas o situaciones.
  • Céntrate en lo que haces bien.
  • Rodéate de personas positivas. ¡qué importante es esto para la vida!

Rodéate de personas que te den ganas de vivir la vida twitter

  • Y piensa bien antes de decir algo negativo.

 

  ¡Contagiemos al mundo de optimismo, que falta le hace!

Mis felicitaciones al programa de Redes “La mirada de Elsa” por este gran vídeo con grandísimo mensaje!

 

La clave para que las cosas sucedan: “EL MOVIMIENTO”

La clave para que las cosas sucedan: “EL MOVIMIENTO”

El otro día en una reunión de emprendedores a la que asistí, conversando con un grupo de ellos, todos estuvimos de acuerdo que la clave está en “hacer las cosas, es decir, proponérnoslas y sacarlas adelante, da igual que no estén perfectas, ya se irán matizando…¡no hay otra forma! ¿Cuántas personas se quedan sin hacer nada por esperar el momento ideal y la “máxima perfección”? Se podría decir que un incontable número de personas viven postergando sus metas y sueños por el simple hecho de “NO HACER” ya que quieren hacerlo a la “perfección”, y yo me pregunto ¿se puede mejorar algo que ni siquiera se ha hecho? Para perfeccionar algo primero tendrá que estar hecho, ¿verdad?

Leyendo a Alejandro Jodorowsky decía algo sobre esto:

Entre hacer o no hacer, siempre hay que elegir hacer, aun a riesgo de fracasar. Si esto ocurre, al menos obtenemos la experiencia. Si elegimos no hacer, vivimos frustrados...”

Está claro que las cosas no se dan por sí solas, requieren un elemento fundamental:LA ACCIÓN, ¡es así¡ No hay otra manera. Si queremos que nuestros sueños/metas se cumplan debemos ponernos manos a la obra, PONERNOS EN MOVIMIENTO. No tenemos que hacerlo perfecto a la primera ¿cuántas personas que han alcanzado el éxito han fallado en sus inicios? Un ejemplo podría ser Henry Ford donde sus primeros intentos fracasaron hasta que consiguió convertirse en una de las marcas de coches más conocidas del mundo o Walt Disney que tampoco lo tuvo fácil en sus inicios, donde fue despedido por un periódico por falta de imaginación y buenas ideas. Después comenzó una serie de empresas que terminaron en quiebra y fracaso antes de construir Disneyland”.

Como podemos ver son dos claros ejemplos donde sus inicios no fueron fáciles ni lanzaron el producto “perfecto” pero se lanzaron, probaron y fueron modificando hasta que dieron con la clave.

Por eso, repito “La clave para que las cosas sucedan es ponernos MOVIMIENTO” . Podemos tener talento, capacidades y muchísimo conocimiento pero si no las ponemos en práctica NO sirven de nada. La acción es lo que hace que las cosas se den, se desarrollen, se mejoren, surjan oportunidades…

Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasará, otras hacen que suceda. (Michael Jordan)

 

¡Aplica el “Hygge” este invierno en tu casa!

¡Aplica el “Hygge” este invierno en tu casa!

Imaginemos el salón de nuestra casa impregnado de olor a comida recién hecha, con la luz tenue de las velas, el calorcito de la chimenea, un vaso de nuestro vino favorito y leyendo un buen libro o conversando con un ser querido, disfrutando del momento agradable que estamos viviendo y olvidándonos de todas nuestras preocupaciones, ¡eso es Hygge!

El Hygge es un concepto 100% Danés, país que durante varios años ha ocupado el primer puesto del ranking de países más felices del mundo. Como nombre podríamos decir que se trata de un ambiente acogedor, cálido, relajado, luz tenue, buena comida, buena compañía…. Pero abarca mucho más, es un sentimiento, un estado mental de relajación, bienestar y despreocupación.

Para mi Hygge tiene que ver con ser bueno contigo mismo: consentirte, pasar un rato agradable, no castigarte o negarte a nada Helen Russell

El concepto de Hygge se trata de pasar un tiempo de calidad, a solas o con seres queridos en un ambiente acogedor y, por supuesto,  sin agenda y con la ausencia de cosas que nos puedan molestar o agobiar, olvidándonos de todas preocupaciones que tengamos. Hygge puede ser  un familia o un grupo de buenos amigos comiendo en un lugar cálido, una pareja tirada en un sofá comodísimo debajo de una manta viendo una buena película, o puede ser el tiempo que pasas solo leyendo un buen libro al calor de la chimenea.

¿Cómo podríamos llevar a cabo este concepto “Hygge” en nuestras casas este invierno?

–  Crea un ambiente cálido y cogedor: utiliza velas, incienso, lámparas con luz más tenue, almohadas cómodas, mantas suaves y esponjosas etc.

– Ponte lo más cómod@ posible: vístete con ese jersey de lana que te encanta, ponte esos calcetines gordos que te mantienen los pies calentitos etc..

– Consiéntete un poco: cocínate tu comida favorita mientras escuchas la música que te gusta y bebes un buen vaso de vino etc..

– Organiza  reuniones en tu casa con personas queridas o dedícate un tiempo para estar contigo mismo leyendo un libro o viendo tu serie favorita, por ejemplo. 

– Disfruta de las cosas simples: el olor de café recién hecho, de una distendida conversación, de uno simples espaguetis que te hayas cocinado etc..

– Olvídate de tus preocupaciones durante tu momento “Hygge”.

Como dicen los Daneses “Kom, lad os hygge os! que quiere decir, ¡vamos a  disfrutar de nosotros mismos!

 

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A palabras necias, oídos sordos

A palabras necias, oídos sordos

¿A quién no se le ha estropeado un día o unas horas por un mal comentario de alguien, una mala actitud hacia nosotros, o una crítica? Está claro que no podemos cambiar la actitud de los demás, pero lo que sí podemos hacer, es elegir, no caer en la provocación e ignorar los mensajes negativos que nos llegan de fuera. Hay que recordar que las críticas no pueden ofendernos, si nosotros NO LO PERMITIMOS. Desde que leí un cuento que habla sobre esto, siempre que recibo una crítica o un mal comentario lo recuerdo y me ayuda a que no me afecte. Hoy quiero compartirlo con vosotros, esperando que también os sirva como herramienta de defensa contra las críticas, comentarios o actitudes negativas.

Una cosa que quiero aclarar: esto se refiere a las críticas o comentarios no constructivos, otra cosa totalmente diferente es cuando recibimos críticas o comentarios constructivos con afán de ayudarnos, los cuales, sí habría que tenerlos en cuenta,  reflexionar sobre ellos y actuar en caso que lo consideremos necesario.

“Es gran virtud del hombre sereno oír todo lo que censuran contra él, para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”J. W. von Goethe

El cuento con el título  “EL COLECCIONISTA DE INSULTOS” dice así:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación , esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de SUS casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

Extraído del libro “La culpa es de la vaca”

¡Así que, cuando os suceda algo así, recordar aplicar las enseñanzas del maestro samurái!