La clave para que las cosas sucedan: “EL MOVIMIENTO”

La clave para que las cosas sucedan: “EL MOVIMIENTO”

El otro día en una reunión de emprendedores a la que asistí, conversando con un grupo de ellos, todos estuvimos de acuerdo que la clave está en “hacer las cosas”, es decir, proponérnoslas y sacarlas adelante, da igual que no estén perfectas, ya se irán matizando…¡no hay otra forma! ¿Cuántas personas se quedan sin hacer nada por esperar el momento ideal y la “máxima perfección”? Se podría decir que un incontable número de personas viven postergando sus metas y sueños por el simple hecho de “NO HACER” ya que quieren hacerlo a la “perfección”, y yo me pregunto ¿se puede mejorar algo que ni siquiera se ha hecho? Para perfeccionar algo primero tendrá que estar hecho, ¿verdad?

Leyendo a Alejandro Jodorowsky decía algo sobre esto:

Entre hacer o no hacer, siempre hay que elegir hacer, aun a riesgo de fracasar. Si esto ocurre, al menos obtenemos la experiencia. Si elegimos no hacer, vivimos frustrados…

Está claro que las cosas no se dan por sí solas, requieren un elemento fundamental: LA ACCIÓN, ¡es así¡ No hay otra manera. Si queremos que nuestros sueños/metas se cumplan debemos ponernos manos a la obra, PONERNOS EN MOVIMIENTO. No tenemos que hacerlo perfecto a la primera ¿cuántas personas que han alcanzado el éxito han fallado en sus inicios? Un ejemplo podría ser Henry Ford donde sus primeros intentos fracasaron hasta que consiguió convertirse en una de las marcas de coches más conocidas del mundo o Walt Disney que tampoco lo tuvo fácil en sus inicios, donde fue despedido por un periódico por falta de imaginación y buenas ideas. Después comenzó una serie de empresas que terminaron en quiebra y fracaso antes de construir Disneyland”.

Como podemos ver son dos claros ejemplos donde sus inicios no fueron fáciles ni lanzaron el producto “perfecto” pero se lanzaron, probaron y fueron modificando hasta que dieron con la clave.

Por eso, repito “La clave para que las cosas sucedan es ponernos MOVIMIENTO” . Podemos tener talento, capacidades y muchísimo conocimiento pero si no las ponemos en práctica NO sirven de nada. La acción es lo que hace que las cosas se den, se desarrollen, se mejoren, surjan oportunidades…

Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan con que pasará, otras hacen que suceda. (Michael Jordan)

 

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¡Aplica el “Hygge” este invierno en tu casa!

¡Aplica el “Hygge” este invierno en tu casa!

Imaginemos el salón de nuestra casa impregnado de olor a comida recién hecha, con la luz tenue de las velas, el calorcito de la chimenea, un vaso de nuestro vino favorito y leyendo un buen libro o conversando con un ser querido, disfrutando del momento agradable que estamos viviendo y olvidándonos de todas nuestras preocupaciones, ¡eso es Hygge!

El Hygge es un concepto 100% Danés, país que durante varios años ha ocupado el primer puesto del ranking de países más felices del mundo. Como nombre podríamos decir que se trata de un ambiente acogedor, cálido, relajado, luz tenue, buena comida, buena compañía…. Pero abarca mucho más, es un sentimiento, un estado mental de relajación, bienestar y despreocupación.

Para mi Hygge tiene que ver con ser bueno contigo mismo: consentirte, pasar un rato agradable, no castigarte o negarte a nada Helen Russell

El concepto de Hygge se trata de pasar un tiempo de calidad, a solas o con seres queridos en un ambiente acogedor y, por supuesto,  sin agenda y con la ausencia de cosas que nos puedan molestar o agobiar, olvidándonos de todas preocupaciones que tengamos. Hygge puede ser  un familia o un grupo de buenos amigos comiendo en un lugar cálido, una pareja tirada en un sofá comodísimo debajo de una manta viendo una buena película, o puede ser el tiempo que pasas solo leyendo un buen libro al calor de la chimenea.

¿Cómo podríamos llevar a cabo este concepto “Hygge” en nuestras casas este invierno?

–  Crea un ambiente cálido y cogedor: utiliza velas, incienso, lámparas con luz más tenue, almohadas cómodas, mantas suaves y esponjosas etc.

– Ponte lo más cómod@ posible: vístete con ese jersey de lana que te encanta, ponte esos calcetines gordos que te mantienen los pies calentitos etc..

– Consiéntete un poco: cocínate tu comida favorita mientras escuchas la música que te gusta y bebes un buen vaso de vino etc..

– Organiza  reuniones en tu casa con personas queridas o dedícate un tiempo para estar contigo mismo leyendo un libro o viendo tu serie favorita, por ejemplo. 

– Disfruta de las cosas simples: el olor de café recién hecho, de una distendida conversación, de uno simples espaguetis que te hayas cocinado etc..

– Olvídate de tus preocupaciones durante tu momento “Hygge”.

Como dicen los Daneses “Kom, lad os hygge os! que quiere decir, ¡vamos a  disfrutar de nosotros mismos!

 

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A palabras necias, oídos sordos

A palabras necias, oídos sordos

¿A quién no se le ha estropeado un día o unas horas por un mal comentario de alguien, una mala actitud hacia nosotros, o una crítica? Está claro que no podemos cambiar la actitud de los demás, pero lo que sí podemos hacer, es elegir, no caer en la provocación e ignorar los mensajes negativos que nos llegan de fuera. Hay que recordar que las críticas no pueden ofendernos, si nosotros NO LO PERMITIMOS. Desde que leí un cuento que habla sobre esto, siempre que recibo una crítica o un mal comentario lo recuerdo y me ayuda a que no me afecte. Hoy quiero compartirlo con vosotros, esperando que también os sirva como herramienta de defensa contra las críticas, comentarios o actitudes negativas.

Una cosa que quiero aclarar: esto se refiere a las críticas o comentarios no constructivos, otra cosa totalmente diferente es cuando recibimos críticas o comentarios constructivos con afán de ayudarnos, los cuales, sí habría que tenerlos en cuenta,  reflexionar sobre ellos y actuar en caso que lo consideremos necesario.

“Es gran virtud del hombre sereno oír todo lo que censuran contra él, para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”J. W. von Goethe

El cuento con el título  “EL COLECCIONISTA DE INSULTOS” dice así:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación , esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de SUS casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

Extraído del libro “La culpa es de la vaca”

¡Así que, cuando os suceda algo así, recordar aplicar las enseñanzas del maestro samurái!

 

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La casa imperfecta

La casa imperfecta

Los que me leéis desde hace tiempo, habréis notado lo que me gustan los cuentos que nos brindan un mensaje, hoy, precisamente, quiero mostraros un cuento llamado “La casa imperfecta”, extraído del libro “La culpa es de la vaca”, que había leído hace tiempo y lo volví a leer el otro día …  dice así:

“Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera. 

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera. 

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido amigo —dijo-. Es un regalo para ti”. 

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

¿Nunca os ha pasado deciros a vosotros mismos “Si lo hubiera sabido antes, lo habría hecho diferente”? Este cuento, nos invita a reflexionar sobre eso, es decir, que muchas veces vamos por la vida con el piloto automático puesto, sin poner lo mejor de nosotros mismos y sin darle importancia a ciertas cosas o decisiones que tomamos, siendo inconscientes del impacto que producen nuestros actos del presente sobre nuestro futuro.  

“El verdadero buscador CRECE y APRENDE, y DESCUBRE que siempre es el principal responsable de lo que sucede” ~ Jorge Bucay

Hay que vivir siendo consciente de que nuestros comportamientos, actitudes  y decisiones en la vida, irán construyendo y moldeando nuestro futuro.

El cuento nos invita a hacer un ejercicio de reflexión: Si tu vida fuera como “tu proyecto de casa”: ¿Cuál es tu “casa ideal”? ¿Qué tal llevas su construcción? ¿Está quedando como querías? …

Pensando que la vida es nuestro “proyecto de casa”,  actuando como si estuviésemos “construyéndola”, y haciéndonos responsables de lo que nos pasa, ya tenemos los materiales principales para construir “nuestra casa ideal”.

 

“Tú vida es tu proyecto, constrúyelo tú mismo”

 

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Las 3 cosas buenas

Las 3 cosas buenas

Se podría decir que en general, pensamos mucho más en las cosas que han salido mal o negativas, que en las cosas buenas que nos han pasado.  Lo ideal sería lo contrario, es decir, pensar más en las cosas que han salido bien y nos han hecho tener una emoción positiva, así de esta forma nuestra mente se enfocará más en lo positivo y ganaremos en bienestar y felicidad.

Precisamente, existe un ejercicio, que es un clásico dentro de la psicología positiva, desarrollado por el psicólogo Martín Seligman, que tiene como objetivo tomar conciencia y enfocarnos más en las cosas positivas que nos pasan a diario y dar gracias por ello. Hoy quiero compartir con vosotros este ejercicio llamado “Las 3 bendiciones (3 blessing) o también conocido como Las 3 cosas buenas” que, aunque resulta muy sencillo, es altamente efectivo. Consiste en hacer una reflexión al final del día, recordando 3 cosas positivas que nos hayan pasado, explicando el por qué creemos que han salido bien, hayamos disfrutado con ellas o nos hayan causado una emoción positiva. Esto permitirá re-educar nuestra atención hacia lo positivo y a ser más conscientes en el día a día , para que resulte efectivo, tiene que  realizarse durante al menos una semana, aunque es recomendable realizarlo hasta que hayamos educado nuestra mente.

 Aquí os dejo algunas instrucciones para llevarlo a cabo:

  • Llevar un registro diario. Lo ideal sería tener tu propio diario de las “3 cosas buenas”, aunque también podemos utilizar hoja de papel y bolígrafo o escribirlo en el ordenador, esto es elección de cada uno. Lo importante es que elijas el tipo de escritura que te resulte más cómodo y fácil. Hay que tener en cuenta que hay que escribirlo, no es suficiente hacerlo de memoria.
  • Al final del día,  durante al menos 1 semana, antes de ir a dormir reserva entre 10-15 minutos a reflexionar y escribir sobre las 3 cosas buenas que te han pasado.  ¡Ojo! Estas cosa no tienen que ser solamente grandes cosas, también pueden ser pequeñas cosas : la conversación interesante que has tenido con una persona, lo mucho que te ha gustado la pasta que te has comido,  la película que has visto o el chiste que escuchaste y tanto te ha hecho reír etc.
  • Pon un título a cada cosa buena por ejemplo “La conversación con Lucía”.
  • Escribe tu vivencia con el mayor detalle posible, incluyendo la sensación positiva que te hizo sentir  en ese momento y ahora, al recordarla.
  • Añade la explicación de por qué fue buena. ¿Por qué salió bien? Piensa la razón por la cual fue positiva, muchas veces no somos conscientes de la importancia de nuestro papel para que salgan bien las cosas. Por ejemplo, si aprobaste un examen o te han felicitado por un proyecto, la razón seguramente sea por el esfuerzo que le hayas dedicado. Otro ejemplo podría ser que hayas disfrutado viendo una bonita puesta de sol,  o las lentejas tan buenas que has comido, o lo que has disfrutado con la conversación que has tenido con  Juan etc.. no lo podrías haber disfrutado de la misma manera sin la actitud adecuada .
  • Por último, siéntete agradecido por ello.

Está comprobado que si se practica con regularidad , nos ayuda en nuestro estado de ánimo, pues estaremos ejercitando el positivismo en nuestra mente, apartando las cosas negativas que nos dejan malestar e intoxican nuestros recuerdos y pensamientos, acostumbrándonos a quedarnos con lo bueno.

Es muy posible que al principio nos cueste un poco hacerlo, ya que estamos más acostumbrados en pensar en las cosas negativas que nos han pasado, dejando que éstas invaden nuestra mente, ¡No lo dejéis! Es importante insistir hasta que hayamos educado nuestra mente a apreciar más las cosas buenas. También, es muy posible que cuando hayamos tenido un mal día o nos haya pasado algo malo, no tengamos ninguna gana de hacerlo, aquí es, precisamente, cuando debemos hacer un esfuerzo ya que nos ayudará a soltar la energía negativa que tengamos, haciéndonos conscientes de que siempre hay también algo bueno con lo que quedarse.

¡Os animo a tod@s a realizar este ejercicio! ¡Eduquemos nuestra mente en el positivismo!

 

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Sácale provecho a tu tiempo con los “pomodoros”

Sácale provecho a tu tiempo con los “pomodoros”

¿Nunca os ha pasado que haciendo la misma tarea hay veces que rindes el doble que otras? Eso pasa por el nivel de concentración que tengamos en ese momento. Hoy quiero compartir con vosotros una técnica, “La Técnica Pomodoro”,  que a mí, personalmente, me ayuda mucho a ser más productiva.  La técnica usa un reloj para dividir los tiempos que dedicamos a una tarea en intervalos de 25 minutos, llamados “pomodoros”.  Fue creada por Francesco Cirillo en las década de los 80 y el nombre de “Pomodoro” (tomate en español) viene de que usó un temporizador de cocina en forma de tomate.

unpomodoro25minutostrabajo

 

La finalidad de la técnica es mejorar nuestra capacidad de atención y concentración, ganando tiempo a la hora de realizar nuestras tareas.

 

Los pasos a seguir para llevarla a cabo son los siguientes:

1. Hacer un listado de las tareas a realizar, averigua cuánto tiempo necesitas dedicar en cada tarea contando los pomodoros, es decir, ¿necesitas 4 pomodoros para acabar un informe? O ¿necesitas dos pomodoros para responder los emails del trabajo? Recuerda, un pomodoro equivale a 25 minutos.

listado tareas

 

2. Elige la tarea por la que quieras comenzar.

3. Céntrate en la tarea y elimina distracciones: Pon el temporizador en marcha durante 25 minutos, lo que se llama “pomodoro”. ¡Importante! No permitas que te distraiga nada externo, es decir, pon el teléfono en modo avión, no abras ninguna red social o si recibes un correo electrónico déjalo pendiente de leer para después.

Ojo! Aunque existen diferentes métodos y aplicaciones para contabilizar tiempos, los expertos recomiendan utilizar  elementos físicos para medirlos ya que mandamos una orden mucho más clara a nuestro cerebro sobre cuándo comienza el periodo de trabajo. Yo también os sugiero emplear el reloj de cocina u otro elemento similar.

4.Respeta las pausas: Transcurridos los 25 minutos, haz una pausa de 5 minutos. Bajo ningún concepto sigas trabajando. Hay que respetar tanto los tiempos de trabajo como los tiempos de descanso. Levántate del lugar de trabajo, camina un poco, bebe algo o haz cualquier otra cosa que te permita un respiro mental.

1pomodorodescanso

5. Cuando finalices alguna de las tareas táchala del listado y comienza por la siguiente.

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6. Cada 4 pomodoros , es decir, 100 minutos, realiza un descanso largo  de entre  15-20 minutos.

4pomodoros

 

Yo he utilizado esta técnica para escribir el post y me ha llevado 2 pomodoros. 🙂 . Para no perder la concentración me funciona muy bien.

Es una técnica muy sencilla y efectiva que puedes aplicar en muchas tareas de tu día a día. ¡¡Os invito a probarla y que me contéis vuestros resultados!!

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La lección que me ha dado mi “césped”

La lección que me ha dado mi “césped”

Hay veces en la vida que nos pasan cosas y si nos paramos a pensar, nos brindan una enseñanza que la podemos extrapolar a cualquier ámbito. Hoy quiero compartir con vosotros, cómo mi césped me ha dado una lección de perseverancia y, sobre todo, de paciencia.

Mi chico y yo somos asturianos, y como buenos asturianos nos encanta el césped. A pesar de que vivimos en un lugar donde no se da nada bien, nos empeñamos en ello.  Él ya había hecho un intento hace tiempo, pero no resultó bien. En ese intento, preparó la tierra para plantarlo y más cosas, pero algo no se hizo bien ya que apenas salió. Después de eso, hicimos un segundo intento, llamamos por teléfono a un amigo jardinero y nos dio ciertas instrucciones. Así que, volvimos a preparar el terreno y pusimos un nuevo regadío. ¡Pues no, que otra vez va a ser que no!  Un poco desmoralizados, pero con nuestro empeño de que lo queríamos, a pesar de que mucha gente nos aconsejara el césped artificial,  nos pusimos con nuestro tercer intento. Volvimos a llamar a nuestro amigo jardinero y le contamos qué había pasado, nos aconsejó poner mucha más arena y cambiar el regadío ya que ese no era el adecuado. Una vez puesta la arena en el terreno, encantador, se pasó por casa para echarnos una mano en volver a echar las semillas y dejar el terreno listo. Vino, puso fertilizante, puso las semillas, rastrilló bien el  terreno, y nos recomendó a un amigo  para instalar un buen regadío. El problema del césped, es que los primero 5-7 días tiene que estar húmedo el terreno para que broten las semillas,  al parecer, ésto es imprescindible. Pues ahí, nosotros en casa haciendo turnos durante días para que estuviera húmedo…..y justo unos  5-6 días  después, tal y como nos dijo nuestro amigo, empezó a salir!!!!! Empezó a salir lineal y homogéneamente, casi  prácticamente sin calvas. ¡¡por fin!!!! ¡¡¡no os podéis imaginar la satisfacción que nos da cada vez que lo miramos y vemos lo bien que está saliendo!!! 🙂

¿Qué me ha enseñado mi césped?

¡Lo importante que es la perseverancia! Da igual cuantas veces fallemos, lo importante es seguir ahí insistiendo y aprendiendo de cada fallo, con constancia, al final las cosas van saliendo. Si  lo hubiéramos dejado en nuestro primer intento, ahora mismo no estaríamos disfrutándolo.

Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos“- Thomas Carlyle

La victoria pertenece al más perseverante“-  Napoleón

De cada fallo se saca un aprendizaje. Nadie en esta vida nace aprendido, es normal que cuando empezamos con algo nuevo, al principio nos cueste mucho más y tengamos fallos. Lo importante es saber por qué fallaste para no volver a repertirlo y seguir mejorando.  En nuestro caso, al principio cometimos un montón de errores, pero gracias a ellos supimos donde estábamos fallando y lo pudimos corregir.

El error no es más que una ayuda a aprender… en el camino del aprendizaje.

Paciencia. ¡¡Sí sí!!! ¡¡Eso me toca de lleno! Es algo que muchas veces me cuesta, soy una persona muy inquieta y me gusta ver los resultado rápidos… y no es así! Cada cosa lleva su tiempo, como nuestro césped,  y hay que tener paciencia, sabiendo que las cosas van por el buen camino al final tarde o temprano salen.

Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea” – Benjamin Franklin

 
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La actitud y el Principio 90/10

La actitud y el Principio 90/10

Esta semana me encuentro impartiendo un curso para unas empresas, en todos mis cursos trabajo muchísimo la importancia de la “actitud”. Como ya he comentado en otro post, la actitud es la manera que tenemos de actuar, es decir, las respuestas que manifestamos ante determinadas situaciones, personas, lugares etc; nuestras reacciones o comportamientos. Está claro que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, como por ejemplo una mala contestación de alguien, el tráfico que encontremos de camino al trabajo, que se nos estropee el ordenador etc… todo esto no depende de nosotros, por lo tanto, no lo podemos controlar, pero lo que sí podemos controlar es cómo reaccionamos o  cómo nos tomamos las cosas.

Se podría decir que la actitud con la que vivimos determina nuestras experiencias, es la que moldea nuestra realidad; las cosas que vivimos  y  experimentamos,  la forma en que reaccionamos. Es la que determina nuestras decisiones,  experiencias y reacciones.

“La actitud es lo que marca la diferencia, y está en nuestras manos elegir cómo afrontar cada situación que nos toca vivir”

No se trata de que no nos importe nada, pasar de todo o tragarnos las cosas, sino de que le demos la importancia justa a lo que nos sucede, y que no estropeemos un día o unas horas de nuestra vida, una relación con una persona u otra cosa  por una mala reacción. La mayor parte de las veces, nos quejamos de cosas insignificantes, nos tomamos a pecho comentarios de personas que no tienen importancia en nuestras vidas, o reaccionamos de mala manera ante situaciones. Todo esto, lo único que hace es gastar nuestra energía y enfocarla en cosas que realmente no nos merecen la pena.

Así que os propongo que ante determinadas situaciones que nos estresen o molesten,  respiremos hondo, relativicemos las cosas y tomemos control de nuestras reacciones.

Hace tiempo, me hablaron sobre El Principio 90/10 de Stephen Covey. Hoy me gustaría compartirlo con vosotros ya que estoy segura de que os puede servir para cambiar la forma en la que reaccionamos ante ciertas situaciones. Este principio es aplicable a cualquier área de nuestra vida; familiar, trabajo, relaciones sociales etc.

Aquí  os dejo la explicación de Stephen Covey (autor) sobre este principio:

El principio 90/10

 “Este principio plantea que el 10% de la vida está relacionado con lo que te pasa, y el 90% restante se relaciona con la forma en cómo reaccionas.

 ¿Qué quiere decir esto? Pues que tú no tienes control sobre el 10% de lo que te sucede. No puedes evitar que el Metro esté lleno de pasajeros, que el autobús llegue tarde, que la persona que te atienda en el supermercado o la farmacia esté de mal humor y no te trate bien,  o cualquier otra situación que pueda arruinar todo tu plan del día. No tienes control de ese 10% de tu vida.

 Pero el otro 90% es diferente, porque de ese porcentaje tu sí tienes el control sobre la forma en que reaccionas frente al 10%.

No puedes controlar la forma en que te trata el conductor de un transporte público, pero sí puedes controlar tu reacción a la situación.

 Un ejemplo práctico del principio 90/10:

Estás desayunando con tu familia. Tu hija tira una taza de café y te mancha tu camisa de trabajo. No tienes control sobre lo que acaba de pasar. Pero lo siguiente que sucederá si que dependerá de tu reacción. Si maldices o chillas o regañas severamente a tu hija porque te tiró la taza encima. Ella se pondrá a llorar. Después de regañarla sigues de mal humor y te enfadas con tu mujer por dejar la taza demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y empieza una batalla verbal. Tú vociferando subes arriba a cambiarte la camisa. Cuando bajas te encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando terminándose el desayuno y no está lista para ir a la escuela. Ella pierde el autobús. Tu esposa se marcha al trabajo enfadada. Tú conduces el coche a toda velocidad para llevar a tu hija a la escuela. Te ponen una multa de tráfico por exceso de velocidad. Tu hija te deja en la  escuela sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 20 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el maletín en casa. Tu día empezó fatal. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansias llegar a tu casa, pero cuando regresas te encuentras con un pequeño distanciamiento en tu relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Debido a como reaccionaste en la mañana. ¿Por qué tuviste un mal día? ¿Quién o qué es el responsable?

a) ¿El café lo causó?
b) ¿Tu hija lo causó?
c) ¿El policía lo causó?
d) ¿Tú lo causaste?

La respuesta es la “d”. Tú no tenías control sobre lo que pasó con el café. La forma en cómo reaccionaste esos 5 segundos fue lo que causó tu día fatal. Todo podría haber sucedido de un modo muy distinto si cuando  el café te manchó tu hubieses reaccionado de otro modo. Si le hubieses dicho: “está bien cariño, solo necesitas tener más cuidado la próxima vez. Después de cambiarte tu camisa  y coger tu maletín, regresas abajo sin alterarte. ¿Notas la diferencia? Dos escenarios bien distintos. Ambos empezaron igual. Ambos terminaron diferente .¿Por qué? Tú realmente no tienes control sobre el 10% de lo que sucede. El otro 90% se determinó por tu reacción.

 Algunas ideas de cómo aplicar el principio 90/10:

Si alguien te dice algo negativo sobre ti no lo tomes muy a pecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruines tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, ser despedido, te puedes estresar, etc.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico?… ¿Pierdes tu carácter?… ¿Golpeas sobre el volante? ¿Maldices?… ¿Te sube la presión?… ¿Por qué dejar que los demás te arruinen el día?…

Tu transporte está atrasado. Va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué manifestar tu frustración con las personas que te rodean? Ellas no controlan lo que está pasando. Usa tu tiempo de espera para estudiar, para leer las cosas que quieres leer y que no tienes tiempo. ¿Por qué estresarse? Eso hará que las cosas se te pongan peor. 

Tú has dicho que perdiste el empleo. ¿Por qué perder el sueño y enfadarte? Eso no te dará buenos resaltados. Usa la energía de preocupación y el tiempo para encontrar otro trabajo.

 Recuerda el principio 90/10 y no te preocupes de eso.

. Aplícalo y te sorprenderás con los resultados. No perderás nada si lo intentas. Todo lo contrario

Muy pocos lo conocen y aplican este principio. Lo que explica que millones de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena. Malestar, dolor de cabeza, frustración, desesperanza.

Si vas por tu vida con más conciencia de aplicar este principio, puedes evitar que ese 10% del que no tienes control afecte negativamente en tu 90% de reacción.”  (Este articulo salió originalmente en la edición No. 141 de Liderazgo y Mercadeo)

Os animo a tod@s a aplicar este simple principio ya que de esta manera os sentiréis más dueños de vuestras experiencias, os estresaréis menos y  en definitiva, mejorará vuestra calidad de vida!

 

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Hablando se entiende la gente

Hablando se entiende la gente

¿A quién no lo he pasado alguna vez  verse envuelto en un malentendido con alguien por falta de comunicación? La falta de comunicación es la causa de muchos conflictos entre las relaciones interpersonales, ya que al no comunicarnos juzgamos o nos inventamos, es decir, presuponemos las intenciones de los demás.

“Hablando es como se entiende la gente y se aclaran multitud de problemas y malentendidos”.

No paro de encontrarme a gente a la que le cuesta muchísimo el enfrentarse a una conversación, incluso cuando saben que es necesaria. ¿Por qué será? A la gran mayoría le supone miedo al rechazo o que la otra persona no le entienda, y yo me pregunto ¿no será peor el no hablar, y que la otra persona saque sus propias conclusiones?  No podemos olvidar que un pequeño malentendido puede causar amargura durante mucho tiempo… 

Es verdad que muchas veces, nos cuesta dar el paso para hablar con la otra persona, y más, si sabemos que ésta está poco receptiva. Yo os animo a acercaros y dar el paso, eso demostrará no solo vuestra intención de arreglar las cosas sino el respeto que sentís hacia la otra persona y el aprecio hacia vuestra relación.

Aquí os dejo algunos pasos a seguir para afrontar conversaciones difíciles:

Escoge el momento adecuado: ¡Sí sí! Parece una tontería pero esto es super importante, si escogemos el momento en que sabemos que la persona está poco receptiva, lo más seguro que se nos tirará encima como un león hambriento. Buscar el momento en que las aguas estén un poco más calmadas es importantísimo. Ten paciencia y espera el momento adecuado.

Si al comenzar la conversación ves a la persona dolida y a la defensiva ,  para intentar calmarla y llevar la conversación en un tono tranquilo y afable casi siempre es efectivo comenzar con unas disculpas por el hecho de que esa persona se sienta de esa manera. A muchas personas les cuesta muchísimos, pero si en verdad sentimos que se haya sentido herido ¿por qué no decirlo? con un simple “Siento que estés molesto conmigo, mi intención no fue hacerte daño” o “Siento que tuviéramos este malentendido”.

Una vez que la conversación esté tranquila, intentemos comprender el por qué de su reacción, aquí es importante utilizar la escucha activa y la empatía, es decir, intentar poneros en el lugar del otro, tenemos que darnos cuentas que cada uno mira el mundo con sus propias gafas, y lo que para ti es normal quizá para otro no. Si no llegáis a entenderlo pedirle que os lo explique más detenidamente hasta que lo lleguéis a comprender. El llegar a entenderse y comprenderse hará que os conozcáis más, que evitéis posibles enfrentamientos futuros y por consiguiente, que fortalezcáis vuestra relación.

Aquí os dejo un cuento que refleja lo que quiero transmitiros, es un poco exagerado pero nos deja un mensaje muy claro; ¡lo importante que es la comunicación para evitar malentendidos!

Cuento “Los malos vecinos”

Había una vez un hombre que salió un día de su casa para ir al trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un papel importante. Su vecino, que miraba por la ventana en ese momento, vio caer el papel, y pensó:

– ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!

Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Éste estaba mirando por la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.

Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos

Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie…

Y así fue, HABLANDO, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.

 

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Cambia tu forma de ver los cambios

Cambia tu forma de ver los cambios

A todos nos ha pasado en algún momento de nuestra vida, el sentir que no nos llena lo que hacemos o estar insatisfechos con algo, sintiendo la necesidad de hacer un cambio.  Cuando tenemos este sentimiento, tenemos que tomarlo como una SEÑAL para replantearnos ciertas cosas de nuestra vida.

“No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio” Herbert George Wells

Me he encontrado con muchísimas personas a las que esta sensación les atormentas y les bloquea, viéndolo como algo negativo y sintiendo temor por ello. ¡Maldito miedo! ¡¡Qué daño nos hace!! El miedo al cambio nace por el temor de perder la seguridad que sentimos de estar en nuestra famosa “zona de confort”, ese lugar conocido, malo pero amigable y a la vez tranquilizante, donde nos sentimos seguros. Pero yo me pregunto ¿no deberíamos sentir más miedo de pensar que si no avanzamos y  realizamos cambios, nuestra vida va a ser pura rutina eliminando de ella tiempos apasionantes  llenos de  nuevos  aprendizajes? ¿Estamos realmente dispuestos a renunciar a vivir momentos intensos, momentos de ilusión, momentos de lucha por nuestros sueños simplemente por “temor”?

La aversión al cambio es el primer estorbo para nuestra evolución y progreso personal. El cambio y el crecimiento son IMPRESCINDIBLES para poder alcanzar el futuro que deseamos. ¡Es así! Para alcanzar lo que deseamos en la vida hay que estar dispuestos a  experimentar nuevas cosas, cambiar lo que estábamos haciendo hasta ahora, ir más allá de lo que sabemos.

El otro día hablando con una amiga, me decía que ella adoraba los momentos de transición en los que uno tiene que pararse, reflexionar y tomar decisiones. Decía que para ella significaba evolución y mejoras en su vida. Yo os animo a todos a cambiar la forma de ver los cambios, a verlos como algo positivo para seguir mejorando y evolucionando, teniendo la absoluta certeza que va a significar un crecimiento personal ,sumando pasos para llevar la vida que queremos y deseamos.

“No hay mayor fuerza de cambio que las personas inspiradas en vivir una vida mejor” Steve Maraboli

Aquí os dejo algunos pasos para que esos cambios sean más llevaderos:

1. Ver el cambio como algo positivo, significando evolución y mejoras en tu vida. Intenta evitar los miedos a toda costa. Recuerda, pregúntate si estás siendo racional; si, el cambio va a suponer algo tan malo como te imaginas, si estás exagerando o si es cierto ese pensamiento “de que no eres capaz de hacerlo”, qué es lo peor que podría pasar, en el 99% de los casos sobrevivirías y seguirías adelante y además adquirirías un aprendizaje.

2. Tómate tu tiempo de transición y reflexión; es decir, si un día te levantas con esa sensación de insatisfacción en tu vida, no vayas y lo cambies todo de la noche a la mañana, tómate el tiempo que necesites para reflexionar y así saber qué es exactamente lo que te está creando esa sensación de insatisfacción y piensa cómo lo  podrías solventar. Cada persona tiene sus propios ritmos, escúchate bien para poder llevar el cambio al ritmo que necesites.

3. Toma decisiones: una vez que ya hayas localizado exactamente lo que te está creando insatisfacción toma decisiones para poder cambiarlo. Hace tiempo escribí un post de cómo tomar decisiones, aquí os lo dejo.

4.  Define muy bien tu objetivoOs recuerdo los requisitos básicos  para  definir buenos objetivos.

5.  Crea un plan de acción. Con todo lo analizado anteriormente, coge papel y bolígrafo y traza los pasos necesarios que tienes que llevar a cabo para conseguir el cambio deseado.

6.  ACTÚA. Para nada sirve todo lo anterior si no ejecutas tu plan. Recuerda que estos pasos son imprescindibles para conseguir los objetivos que muy detenida y conscientemente te has planteado. Utiliza como palanca motivadora el sentimiento que obtendrás cuando lo hayas conseguido.

 

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